La comunicación imposible

Intentos y otros

26 octubre, 2007

En alta mar

Para Gabriela,
quien me dictó estas palabras
esperando sonreir para siempre.
El permanente ir y venir del Kasefune, sobre la marea, ha llenado de paz mi ánimo. Admiro la belleza del océano que desafía en hermosura al mismo cielo. Bien se dice que uno es el reflejo del otro: como dos firmamentos o dos mareas interminables. Qué agradable resulta pensar en ello.
En los veinte volúmenes del Kokin Shu abundan poemas de tema marino, pero en especial guardo uno en la memoria:

Como el mar que golpea
las orillas del cielo,
al regresar la marea,
el amor que siento por ti
se hace más y más hondo.

Me emociona imaginar que ese amor sólo es comparable a la pasión que deben sentir los dioses en las alturas. Considerablemente impresionado, disminuyo mi momentánea soledad recordando a la pequeña Yume, un amor fugaz que padecí en Kyoto. Reconociendo que soy humano, escribo:

Línea del horizonte:
qué fragilidad
la de los amantes.
D.A.S.B.

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