La comunicación imposible

Intentos y otros

18 enero, 2011

5. Romy Sordómez (Lima, 1982)

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Cada poema de Romy Sordómez muestra un vigor y una fuerza que –disculpando el prejuicio y la ligereza- escapa a lo escrito por muchas poetas que, desde los años 80’s, se dedicaron a explorar y a explotar el “cuerpo” a manera de emancipación de género (como reivindicación de lo “femenino”). Felizmente la poesía de Sordómez escapa a cualquier categorización de este tipo, porque muchas veces plantea su voz de manera ambigua o juega a intercambiar roles sin escrúpulo alguno. En esta libertad se basa la potencia de su voz, que muchas veces es descarnada para hablar de su condición humana.

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Esta manera descarnada de encarar las vicisitudes de la vida, ha llevado a la poeta a desarrollar mucho los conflictos que se generan en el seno familiar. La autoafirmación dentro del complejo aparato de crianza del hogar, la lleva a confrontar los papeles maternos y paternos, para desacralizar el vínculo de herencia “padre-hijo”, que muchas veces tiene dimensiones funestas.

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Este factor oscuro, ligado casi siempre a la muerte, le permite purificar el alma, alcanzando la plenitud con la expiración del cuerpo. A pesar de ello, nunca se pierde el equilibrio, pues le otorga a la vida (a la supervivencia o la existencia misma) un papel preponderante: los poemas no terminan siendo pesimistas. El vínculo con la muerte, es bueno ratificarlo, es liberador.

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Ha publicado dos libros: Vacas negras en la noche (Sarita Cartonera, 2004) y Présago (Santo oficio, 2005). El primero es un compilado de poemas independientes escritos durante la universidad, que mantienen una estricta relación con el primer conjunto de poemas que publica de manera artesanal (como plaqueta), cuando pertenecía al Grupo de Creación y Publicación Literaria Sociedad Elefante: Vuelta alrededor del parque (Sociedad Elefante, 2002); incluso algunos de los poemas aparecen en ambas publicaciones. Pero es en Présago donde se siente el trabajo de la poeta en querer estructurar un libro; incluso, para ser más exactos, se trata de un poema largo dividido en cuatro partes, que explota de manera integral las características mencionadas anteriormente.

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Para conocer mejor la obra de Sordómez, aquí dejo algunos poemas suyos:

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Si hubiese nacido a las 15:00 horas

del segundo jueves de junio del año 37

sería un jazzista negro con saxofón en mano

tocando en los honky tonos de New Orleans;

no levantaría la ceja derecha cuando soplo

ni tocaría la cítara a medianoche cuando no te veo llegar,

no sufriría de turet

ni asistiría al psiquiatra dos veces por semana,

no fumaría una cajetilla de cigarros a diario

ni rechazaría a los perros por temor a que orinen

encima de mí.

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Pero lamentablemente,

resulta ser que no soy nada de lo que hubiese sido

de haber nacido en la fecha apropiada.

Y aunque no soy negro

ni saxofonista

ni conozco New Orleáns,

a la mañana siguiente

nuevamente pensaré en lo que no he sido

por no haber nacido el segundo jueves de junio del año 37;

resignándome a haber nacido el día de la salamandra

que pocas veces cae jueves

y que a las 15:00 horas

me recuerda a un jazzista negro con saxofón en mano

tocando en los honky tonos de New Orleans.

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(de Vuelta alrededor del parque)

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Quién sabrá

si de la madre de mi madre

herede el tamaño y la posición de sus lunares

como se hereda el cáncer al seno izquierdo

como se hereda la maternidad de dos crías

herede la sordera de su oído derecho

como se hereda la afición por la caza

como se hereda el judaísmo

herede su ceño fruncido

como se hereda la temprana edad de la muerte

como se hereda el sabor agridulce de la saliva.

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Quién sabrá

si para mi deleite o mi fastidio

de la madre de mi madre

herede un nieto arqueólogo,

una nieta poeta

cuya única obsesión

sea hablar de la madre de su madre

encontrada muerta a los 63 años

en su vieja habitación de la calle Owen

o herede tan solo los lunares

la sordera

el ceño fruncido.

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(de Vacas negras en la noche)

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III

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A la izquierda del padre,

en cuclillas,

entrecruzados los dedos

haciendo la señal del incesto

siento el aroma de flores secas

esparciéndose alrededor de mi cuello

bajo las manos de mujeres

que susurrando a mi oído

me hacen saber lo hermoso

que me veré colgado.

El tumulto se agita,

repite mi nombre,

y siento mi sangre en un recorrido

misterioso dentro de mis venas;

mi corazón respira libre

como jamás lo hizo

mientras los hombres preparan el vino

y aderezan el pescado

tal como hicieron la noche

que recibieron a mi padre

y al padre de mi padre.

Tanta multitud festejando y

recibiendo mi cuerpo

entregado hace años

a una mujer poco agraciada

que amó incansablemente

a los hijos que no nacieron,

a los jóvenes amantes que babearon

mis labios.

El griterío de los niños

eriza mi piel;

un hombre ahuma el pescado

alejando las moscas que se aproximan

y revolotean alrededor de la carne,

esperando que la bruma acaricie

torpemente mi cuello.

No puedo ocultar el regocijo en mi rostro,

los niños esperando ansiosos

que pronto enderece las piernas,

camine los 13 escalones que separan

el cadalso del suelo,

enrosque la soguilla a mi cuello

y sonría a la Luna.

Fuerte y poderoso

subo cada escalón

con los brazos en posición de vuelo,

despidiendo las anchas calles

que dejaron circular mi espíritu violento.

En esta hora,

los recuerdos invaden mi sangre,

me aprehenden fuertemente

provocando un temblor en mis pulmones

y viene a mi mente

la muchacha de 19 años

que escuchó, por última vez,

en labios de su amigo judío

el tarareo de una vieja canción rusa;

el muchacho de pies atrofiados,

adaptado a la caminata lenta

de su anciano padre,

alejándose entre los árboles.

Y viene a mi mente

los ojos de algunos observando

desnuda a la mujer orate,

cuyos pechos levanta con orgullo

gritando que si hombre se acercó

una noche a ella

le dio un beso en los labios

partió a la guerra

mas nunca regresó.

Y viene a mi mente

el pájaro bergamota

colgado de una rama fina

que desaparece contemplando

la Luna colmada.

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(de Présago)

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