La comunicación imposible

Intentos y otros

18 enero, 2011

1. Roberto Zariquiey (Lima, 1979)

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La mirada atenta del poeta permite descubrir y ennoblecer ciertos detalles que, para el escrutinio rápido del transeúnte, pasarían desapercibidos. Incluso, en medio de nuestra gran ciudad debemos ver más allá de lo superficial, para encontrar tesoros “escondidos” al ojo desatento: los aportes trascendentes de las personas que ya no están, el color de los jardines desaparecidos, las fuertes estructuras de las moradas que ya no están de pie. En este sentido, cualquier paraje se presta para la arqueología poética, para la rigurosidad de la contemplación. Allí encontramos a Roberto Zariquiey, buscando detrás de lo aparente con sutileza, con paciencia de arqueólogo (analogía nunca más acertada) para mostrarnos a nosotros, los torpes transeúntes, lo que está allí y saltamos inadvertidamente.

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Además de las imágenes, también el poeta debe tener conciencia de cómo trabajar las palabras, cómo afinar la voz que nos habla desde el poema, para situarnos en el lugar y en el momento único del poema: para decirnos lo justo y necesario. Así, Zariquiey ensaya pocos registros que apelan a construir personajes sólidos, como en su último libro, que incluso representan diferentes regiones del país.

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Con tres poemarios, Lo torpe (Corsafragil, 2001), Un charco en la otra cuadra (Corsafragil, 2004) y Tratado de arqueología peruana (PUCP, 2005), así como varios libros de estudios lingüísticos de culturas aborígenes selváticas, ha forjado una obra que, a pesar del largo silencio poético (después de Tratado de arqueología peruana -un libro imprescindible en la poesía peruana última), es sólida y auspiciosa. Nos gustaría encontrarlo nuevamente, ya consolidado.

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en Chavín de Huántar

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uno puede escuchar a la pareja de muchachitos

que hace dos mil quinientos años

esquivando los cuidados de guardias y sacerdotes

llegó hasta la piedra ceremonial

para hacerse el amor

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uno puede intuir las faldas levantándose

los senos abiertos ante la noche estrellada

las estelas y monolitos como ciegos observadores

(ambos se recuestan y sienten el frío de la roca

los pigmentos antiguos y frescos de sangre ya sacrificada

el calor de ese otro cuerpo recostado y ansioso)

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uno puede presentir en Chavín de Huántar

mujeres y hombres orinando juntos

olor profundísimo a sexo

a miembro despierto de hombre

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no hay muertos en Chavín de Huántar

al menos no los suficientes

para borrar el perfume resinoso del amor

que hay en sus galerías y en sus muros

los cuerpos se aprietan todavía

a pesar de la antigua vigilancia de los guardias

y hierven como líquido sometido al calor

el sudor se bebe como chicha deliciosa

y el desenfreno es la natural manifestación

del mareo ardoroso de los vientres

hay arrechara en Chavín de Huantar

pero no todos los arqueólogos reunidos

podían darse cuenta

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(de Tratado de arqueología peruana)

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Cuando los muertos no son tan antiguos

Hacia una arqueología de lo contemporáneo

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I

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Yungay no está más en medio del callejón de Huaylas

Yungay no existe y sí existe

los ojos que contemplan Yungay no lo contemplan

y las voces que se escuchan en sus calles no son voces

sino el eco repetido de algo que ya no está

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no conozco Yungay a pesar de haber recorrido sus quebradas

no conozco Yungay a pesar de haber visto a aquellos que lo

habitan

porque hay gente en Yungay

y todos ellos ingresan a tiendas y a comercios

algunos extienden mercaderías en los puestos del mercado

otros almuerzan o llegan a sus casas a dormir

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todo a pesar de que no hay nada

no hay nada cientos de personas no se han dado cuenta

no hay casas donde entrar

no hay camas donde recostarse

ni mesas en que servir alimentos

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Yungay es solamente un campo santo

mirando a las montañas

.

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II

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1

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-excavación silenciosa

de una tumba pequeña

en el valle de Chilca-

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el arqueólogo

contempla distraídamente

el paisaje

excava

busca lo que

debajo de nosotros permanece

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“los paisajes en el Perú

Son tumbas enormes y calladas”

.

espera

.

ya tiene la pequeña pala

entre sus dedos

siente la frialdad del metal y anota

.

“no me toca expresar

en esta brevísima libreta

lo que es que un hueso humano

se haga polvo entre mis manos”

.

2

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por una cuestión puramente de azar

el arqueólogo ha amanecido en Ayacucho-Perú

plazuela de Huanta

la flor de la retama nace de la sangre caída

de los hombres de las mujeres de los niños

allí mismo florece

y los sinchis matan estudiantes

huantinos de corazón

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el arqueólogo piensa en una arqueología de lo humano. excavar en la misma plazuela de Huanta. excavar todas las fosas comunes de la tierra y saber si seríamos capaces de perdonar.

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es indispensable estudiar los patrones de esas tumbas silenciosas y disfrazar de tierra carente de muertos. el arqueólogo ha iniciado un pequeño artículo sobre el tema y ha renunciado a su proyecto del valle de Chilca. repite: “no me toca expresar / en esta brevísima libreta / lo que es que un hueso humano / se haga polvo entre mis manos”:

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(de Tratado de arqueología peruana)

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