La comunicación imposible

Intentos y otros

08 setiembre, 2008

La cometa

La ceremonia estaba condicionada al viento de esa mañana, haciendo de nuestras acciones una urdimbre suave de miradas hacia el cielo tratando de encontrar un espacio vacío y propio.
Acondicionamos la cometa y la hilamos a nuestro insondable amor filial. Nicolás –mi niño- esperaba que del cordel partieran nuestros deseos más puros para ser correctamente invocados bajo el celaje de aquel día de septiembre. Habíamos bebido mucha muerte y tristeza en agosto y la cometa tenía que imponerse al clima frío y al temor de nuestros seres queridos. Teníamos que volar con ella y orar para que no cayera en el infortunio de nuestra especie y su terrible fragilidad.
Así voló. Y se mantuvo sobre nuestras cabezas bastante tiempo, el suficiente.
Luego la necesidad de Nicolás de dulce y sus ganas de desordenar el mundo –bajo su adorable impaciencia de niño de siete años- concluyeron el rito. La altísima mirada de Eolo soplador, inmediatamente, extinguió la mañana.
De regreso a casa mi hijo cantaba mientras veía por la ventana del auto como se desordenaban las nubes de la tarde. Yo, en silencio, pensaba en este poema:
El cielo en septiembre
es más cercano
que en agosto.
El viento es otro
y otra es nuestra oración.

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